A la mente imaginativa del escritor francés Julio Verne no escaparon ni los utilitarios faxes de hoy, ya no digamos la tecnología que nos sorprendía en pleno Siglo XX, como para envidiar aquella mente privilegiada del autor de Nantes, que vislumbró el futuro cuando pensárse aquellas cosas eran eso, pura ficción. En 1859 Verne era un joven entusiasta y volvía de un viaje a Escocia, lleno de ideas como siempre, escribió una novela, París en el Siglo XX, retrataba aquella a la perfección, nuestras sociedades actuales, inmersas en el consumismo y siempre ávidas de don Dinero.

Aquella obra no mereció la atención de los editores, que se la pensaban negra, oscura y demasiado fantasiosa,  que no imaginaban la importancia que la vida “fashion” del siglo XXI.  Aún asi Verne no se dio por vencido y en los siguientes años escribió, nada menos que 60 de sus más grandes relatos, en una colección llamada “Viajes Extraordinarios” y lo eran,  aviones, helicopteros, el fax, los ordenadores, la era espacial, los viajes en submarino, la exploración de la luna, las investigaciones al centro de la tierra.

 Verne adquirió entonces alguna fama y esto le permitió viajar,  que le encantaba viajar como una forma de acrecentar su conocimiento y dejar volar su imaginación, privilegiada imaginación que durante los años hasta aquel día como hoy 24 de marzo de 1905, en que enfermo de diabetes moría en su casa, el más grande escritor de ficción en la historia de la literatura

El hijo que durante mucho tiempo se encargó de la corrección de las obras de su padre, siguió con la impresión de las que hasta entonces no habían visto la luz. El bisnieto publicó aquella primera novela que no quisieran publicar de Verne, Paris en el siglo XX, que hoy resulta como cotidiana para muchos, fax, computador, internet, dinero, lujo, y mucha buena vida, sin encontrar la felicidad pese a tenerlo todo, suena muy de nuestros días para algunos privilegiados que teniendo todo en una era de gran modernidad, no pueden alcanzar la ansiada felicidad.

 A más de un siglo de la muerte del gran Verne, sus historias no han perdido la frescura de sus inicios; para quienes lo leímos en la niñez, sin duda releerlo alguna vez siempre resulta, refrescante y sorprendente, quizá ya no por nuevos descubrimientos científicos que hoy están a la orden del día, sino por asistir a la mente de un hombre que vivió en su imaginación por muchos años adelantado a su época.

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