Hace aproximadamente un mes que hablaba de José Saramago con la excusa de la próxima publicación el próximo 15 de octubre, de su último y enésimo duelo con Dios que ha titulado “Caín”.

Pero tengo que volver a hablar de él, no es que sea porque haya anunciado un nuevo libro, cosa que probablemente hará en breve, ni que sea noticia por nuevas ediciones de su obra, que lo es, simplemente tengo que hablar de él porque tengo ganas de hacerlo, porque me parece un escritor genial, con el cual puedo o no coincidir con sus ideas, pero que, cada vez que leo algo suyo, me comunico con él, dialogo con él, por todo lo que transmite, por todo lo que dice y, también, por lo que se calla, aunque sea poco.

Decía que también es noticia por nuevas ediciones de su obra, concretamente su “Ensayo sobre la ceguera”, que Editorial Alfaguara nos ha traído, una vez más en su “no se cuantas” edición, en la pasada primavera de este mismo año.

Para mí, que aún no he tenido la ocasión de leer Caín, en alguna de las pre-ediciones que seguramente habrá circulado por ahí, el “Ensayo sobre la ceguera” (Ensaio sobre a cegueira) es una de sus obras cumbres. Escrita y publicada en 1995, fue una de las novelas que le catapultaría al reconocimiento mundial y que, seguramente, más influiría en la concesión del Premio Nobel que se produjo en 1998. Marcaba un antes y un después en su forma y su arte literario, en la manera de escribir y en la de transmitir.

Llevada al cine el pasado año por el director brasileño Fernando Meirelles, con el título original de “Blindness”, siendo presentada, primero en el Festival de Cannes, donde sería nominada para la Palma de Oro y, posteriormente en el Festival de Cine de Sitges, donde obtendría el Gran Premio del Público de El Periódico de Cataluña.

Pero el “Ensayo sobre la ceguera” es mucho más que una novela o un ensayo. Es una extraña mezcla entre los dos géneros, escrito de una forma especial. No conocemos los nombres de los protagonistas, es la mujer del médico, el ladrón de coches, “En el indicador del paso de peatones apareció
la silueta del hombre verde”, “El ciego notó que lo agarraban por el brazo, Venga, venga conmigo, decía la misma voz” … y así sucesivamente. También, alguien, habrá observado que detrás de una coma, la palabra “Venga”, empieza con mayúscula, no es que al transcribir el texto haya cometido un error gramatical, no, es que Don Saramago lo hace así. Utiliza párrafos largos, sustituyendo lo que para cualquier escritor normal sería un punto y seguido, por comas, pero manteniendo la inicial mayúscula, según el propio escritor, para marcar el ritmo de la lectura.

No es la primera vez que utiliza este recurso, ya lo había utilizado con anterioridad,concretamente en 1980, cuando publicó “Levantado del suelo”, se trata de escribir, saltándose toda ortodoxia literaria, introduciendo los diálogos en continuación con el propio texto, sin separarlos mediante puntos, la única pista es que empiezan con mayúscula detrás de la coma. Hay momentos en que puede desconcertar y no acabar de ver claro quién está hablando, pero si seguimos leyendo pronto lo tendremos aclarado.

El “Ensayo sobre la ceguera” es un libro excepcional que nos muestra que no hace falta ser ciego para estar ciego. Utiliza una epidemia en forma de “ceguera blanca”, así llamada porque quién la sufre solo ve un tenue velo blanco, que se extiende rápidamente por la ciudad, causando que las autoridades empiecen a poner en cuarentena en una zona apartada a quien la sufre. Aquí se empieza a desarrollar una trama de solidaridad y humanidad que despertará nuestros dormidos instintos, haciéndonos abrir los ojos.