Sin duda alguna todos habremos oído alguna vez  la expresión de Shangri – La, como referencia de un lugar apacible, lleno de belleza natural, un lugar donde el alma puede descansar y no hay nada más que ser felíz.  Vaya lugar hermoso sería tal, en que pudieramos encontrar un paraíso que nos alejara de nuestras penalidades y nos llevara a un mundo de eterna felicidad.

En 1933, la novela “Horizontes Perdidos” de James Hilton hablaba por primera vez de ese mítico y hermoso lugar al que denominó Shangri – La,  un lugar perdido entre los Himalayas,  donde el tiempo se detenía y reinaba la felicidad.  Ese Shangri-La hermoso sin duda alguna motivó a muchos, como siempre ha sucedido en la historia, a ir en búsqueda de él.  Shangri-La quizá fuera han señalado los estudiosos del tema, la ciudad mística de Shambala, que está presente en la creencia budista, y perdida en los Himalayas, aunque igual existe que no, eso no lo podemos saber.

Ya algunos consideran que sin duda alguna, aunque James Hilton se habrá inspirado en los paisajes maravillosos del Tibet, y aún muchas más personas seguidoras del budismo, interpretan a Shangri La, como un estado de felicidad que depende de los sentimientos y emana del alma de cada uno. Fuera lo que fuera Shangri – La, el nombre se colocó pronto entre la cultura, ya canciones que invitaban a pensar en esa felicidad en el lugar donde el tiempo se detiene; igual refrescos que prometían la refrescante sensación de estar en Shangri La.  El libro fue exitosamente llevado a la pantalla, con lo que aquella ciudad mítica fue conocida por todos, para que en los sucesivos años, Shangri La, significara siempre, un lugar, como el que James Hilton escribió, donde vive la felicidad.  Lee “Horizontes Perdidos” de James Hilton, pinchando aquí