Herman Melville y Nathaniel Hawthorne la amistad de dos grandes autores, cuando uno se piensa en la amistad que unía a dos grandes autores como Melville y Hawthorne cuyas más emblemáticas obras, “Moby Dick” y “La Letra Escarlata” fueron publicadas casi sucesivamente, y que Melville dedicó a Hawthorne “Moby Dick” puede sorprenderse, sobretodo teniendo en cuenta esa personalidad complicada de los creativos, sean literatos, pintores o escultores, todos tienen un cierto toque de ego excesivo que no permite un mundo con dos gigantes talentosos en su rama. Pero ocurre aunque muy de tarde en tarde, como ocurrió entre Melville admirando a Hawthorne hasta dedicarle su más famosa novela y ocurre de Hawthorne siempre dispuesto a ser distante, encontrando agradable la amistad de Melville.

En 1850 Hawthorne ya era un conocido escritor y dibujante, aunque en realidad trabajaba para la Aduana como también haría en algún momento Melville. Ese año Melville visitaba a una tía en su casa cercana a la de Hawthorne. Y  por cosas del destino,  conoció algunos amigos de su tía con otros amigos que en esa cadena de sucesos que ya conocemos, acabaron unos aquí y otros allá,  concertando un viaje al campo y una cena, en la que participaron por su lado Melville y su esposa y Hawthorne y la suya. El encuentro resultó de gran animosidad entre ellos, Hawthorne escribiría que se había quedado con la grata sensación de conocer a Melville y le había invitado a visitarle en casa. Y Melville estaba tan jubiloso de conocer un autor tan admirable,  que decidió mudar su esposa, hermana, madre y familia a una granja cerca de Hawthorne.

Pero avatares del destino habrían de poner tierra por medio a la amistad,  Hawthorne fue a Inglaterra como cónsul y se reencontró con Melville, que iba camino a Tierra Santa, hay que entender que tenían poco en común, dos personalidades distintas y dos modos de ver la vida diferentes, pero la amistad duró hasta ese viaje a Londres y unos días que pasaron juntos conociendo las afueras de Londres, porque a partir de ahí aunque Melville volvió a Europa y se reencontró brevemente con Hawthorne, ya nunca más volverían a verse.

Sus personalidades distaban de ser similares: Melville era ruidoso, expresivo, entusiasta, alocado y dado a las reflexiones y las largas charlas con sus interlocutores, y más jóven. Mientras que Hawthorne era más reservado, menos dado a socializar, calmo, y quizá hasta más bien timido. Pero eran los hijos huérfanos de padre que no tuvieron la influencia paternal, que Hawthorne si tuvo en alguna medida con sus tíos, pero Melville carente de ella parecia buscarla constantemente, quizá en Hawthorne. Durante mucho tiempo sus biógrafos intentaron encontrar el por qué se terminó la amistad, y hasta hoy no se sabe nada en concreto, quizá porque a Hawthorne le superaba la admiración y el afecto que le profesaba Melville, quizá no tenían nada en común, aunque sí  tenían en común algo, ambos amaban el mar y la literatura.