La cadena noticiosa EFE da cuenta de lo que ya se ha vuelto una tradición para los románticos, dejar mensajes pidiendo interceder en su favor en tema de amor, al poeta sevillano  Gustavo Adolfo Bécquer, en su tumba en el Panteón de Sevillanos Ilustres, en el que durante las visitas guiadas le dejan recados, cual si de un santo encargado de temas amorosos se tratara.

Y digo nada sorprendente,  que siendo el ser humano en tratándose de amores, débil, apasionado, y que enfrentarse a un amor imposible es algo de lo que cualquiera querría echar mano de una ayuda que le ayudara a concretar ese sueño que abriga, ese amor que se desborda, nada mejor sin duda alguna que pensar en Bécquer. ¿Quién sino él nos comprendería cautivos del amor?

Ya nos cuentan en la noticia que hay mensajes, poemas, algunos de tierna dulzura, algunos otros de travieso amor  adolescente, en varios idiomas, en muchas formas de expresarse, al final existe solo un denominador común en esas cartas y en todos los que poblamos este mundo, el amor. Seamos realistas, no recibiremos nada de esa carta al poeta muerto, no logrará para nosotros el amor que anhelamos, ¿o nos traería el príncipe azul que aún esperamos?

Y aún asi, en un mundo de frivolidad y consumismo, a donde las cosas del corazón por momentos nos parecen  relegadas a un segundo plano, la noticia de que Bécquer se ha convertido no ahora sino por muchos años, en aquel en quien muchos depositaron las ansias de su corazón, sólo puede recordarnos, que seamos quienes seamos, vayamos a donde vayamos, por mucha modernidad que vivamos, aún no hemos perdido del todo, ese candor, esa esperanza íntima, ese sueño no expresado,de lograr ese  amor que esperamos.  El amor del que Bécquer nos dio cuenta en su maravillosa obra.

¿Quién dijo que el romanticismo había muerto?