Aunque suena algo disparatado, algunos autores a la hora de triunfar  con una obra, lejos de disfrutar del éxito y de interrelacionarse con sus lectores, se deciden por recluirse, como si lograr, ese evasivo éxito literario que tantos anhelan, fuera una pesada carga para ellos, ha ocurrido con JD Salinger, y ocurré con Harper Lee, la autora, de una novela triunfadora, tanto en el bestseller publicado en 1960 y que en el colmo del triunfo ganó el prestigioso Premio Pulitzer en 1961, para luego convertirse en una película del Oscar, “Matar a un ruiseñor”.

Harper Lee es la autora, de un libro considerado por algunos, todo un llamamiento a los temas que aún siguen preocupando a nuestras sociedades, aunque la trama transcurre durante los años 20 del Siglo XX, en pleno colapso económico de la depresión y en el sur de Estados Unidos, lugar ya sabemos  de profundo sentimiento racista.  En aquel lugar, en un pueblo imaginado, Harper Lee, nacida en 1926 precisamente en el sur, Alabama, recrea su historia, un caso judicial contra un negro acusado injustamente, que claro por el color de su piel es considerado culpable, y que tiene la suerte en que un abogado blanco tome su bandera para probar su inocencia, ya a partir de ahí se desarrolla la trama, racismo, política, solidaridad, injusticia, problemas sociales.

Pero casi desde la premiación el año 1961 de “Matar a un ruiseñor”, la señora Harper Lee, que aún vive y habita en su viejo barrio de Alabama, se decidió a sustraerse del ojo del público, no queriendo darse a conocer ni hacer carrera, como las que hacen hoy algunos triunfadores autores, concediendo entrevistas, yendo a firma de ejemplares, posando para fotografías y apareciendo en cuanto semanario les pida una pose. Harper Lee no se asiste a entrevistas, no habla más sobre su libro, no posa para fotos y sencillamente vive su vida lejos de la publicidad y de la fama que debe a su único y triunfador libro.

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