Eugenia de Montijo pertenecía a una familia de orígen noble en España, fue por tanto una chica criada acorde a su condición, inteligente, hermosa y voluntariosa, era la muchacha que según dicen se enamoró del Duque de Alba el que prefirió a su hermana, con la que se casó, situación que hizo que la joven Eugenia emparentará con una de las familias de más rancio abolengo en España.

A la muerte de su padre, y después de la boda de su hermana con el Duque de Alba, ella y su madre marcharon a París, en donde ella había sido educada.  Convertida en una joven atractiva, pronto la ambición de su madre le llevó a las fiestas del nuevo imperio encabezado por Luis Napoléon, que engalanaba los Elíseos con sus fiestas. En una de aquellas, se encontraron Eugenia y el Emperador. El se enamoró de ella y ella lo amaría apasionadamente.  Aunque en aquel primer encuentro ella no tenía gran interés por él, y de él se decía había sido despreciado por la corona inglesa en sus pretensiones de casarse con una princesa inglesa, los encuentros siguientes, dieron paso a un amor que duró hasta la muerte del Emperador, muchos años después, y en el exilio.

La boda suntuosa del Emperador y la española, trajó a París a los representantes de todos los países, el matrimonio sin embargo, con el tiempo como a todas las parejas, le sobrevendrían los duros momentos, los pesares y el distanciamiento.  Ella se convirtió en el emblema de París, era elegante, refinada y siempre animosa.  Tuvieron un hijo Eugenio, el que murió en 1879 víctima de una ataque de los aborigenes zulúes.   El emperador murió en el exilio al que habían marchado a la caida del tercer imperio, en Inglaterra en 1873.

La exemperatriz se retiró de la vida pública y  habiendo regresado a su amada España, en donde había nacido en Granada en 1826, murió en Madrid en el Castillo de Liria, el 11 de junio de 1920.  Estaba destinada a ser la emperatriz de un Imperio? la leyenda dice que un día de verano, cuando la joven Eugenia tenía unos 15 años, caminando por Madrid con su madre, se le acercó una gitana, que ofreció leer el futuro a las damas, tomando de la mano a Eugenia, dijo sin más “ceñirás sobre tu cabeza la corona de un imperio” cosa que causó gracia a la chica y que olvidó.

Menos romántica la posibilidad, de que Eugenia se encontró con el Emperador, no por un predestinado suceso, sino por el empeño que su madre, la escocesa, María Manuela Kirpatrick, habiendo casado muy bien a su hija mayor Francisca, con el Duque de Alba, añoraba para la menor un enlace igual de ventajoso, lo logró llevandola a todos los bailes y reuniones de París, en donde se hacían presentes los mejores partidos para una señorita soltera,  sus ilusiones sin duda se vieron colmadas, el día en que la joven Eugenia, el 30 de enero de 1853 se casaba con Luis Napoleón.  Lee sobre mujeres que han hecho historia pinchando aquí