Ernest Hemingway la depresión y la terapia de choque, la vida del celebrado autor norteamericano, que se hizo de los grandes premios Pulitzer y Nóbel de Literatura, no fue del todo calma ni feliz al final de su vida, Hemingway que se inició joven como reportero y que en su momento llego a ser corresponsal de guerra en Europa, llevo una vida entre el viejo y el nuevo continente, contribuyendo para medios como Life y haciéndose amigo de personalidades en ambos continentes.  Se casó  y se divorció y vuelto a casar se mudó a Cuba, aunque pronto por añoranza volvería a Estados Unidos estableciéndose en Idaho.

Pero el año 1960 encontró al autor sufriendo de una depresión que pareció no aligerar ni con sus intentos de sanar ni con la ayuda de su mujer. Aquel triste año, se vio pensando en el suicidio, su salud física iba de mal en peor como resultado de algunos accidentes que había sufrido antes, y a instancias de su mujer ingresó en la Clínica Mayo, ponía esperanzas en la terapia de electrochoque que según se decía aliviaría su depresión. Pero como todos los procedimientos de este tipo, el electrochoque tenía un devastador, sobretodo para un escritor, efecto secundario, la pérdida de la memoria.

Sin poder escribir por su depresión, el nuevo tratamiento lejos de ayudarle, lo sumió en la desesperación, cómo escribir sin recordar, sin tener memoria para recrear situaciones y emprender personajes, su vida y su vida que era la escritura, no era la misma y no podría recuperarla. Nada menos que 15 sesiones de electrochoque recibió el laureado escritor, con el resultado de la paranoia y la desesperación que lo orilló a darse un tiro una mañana del 2 de julio de 1961, como adelanto de tan trágico desenlace, había escrito semanas antes “el tratamiento ha sido un éxito, pero el paciente ha muerto”