El príncipe azul no existe sólo existen mortales, que no se entienda que voy a darles una exploración feminina  del tema, aunque bien valdría tomar en cuenta el asunto, siendo que a los ojos enamorados,  muchas veces nos habremos visto pensando en algún aburrido, ya luego descubierto como taimado, mentiroso, traicionero y demás “cualidades”, en un encantador personaje, que parecía ser sincero y un día nos enteramos que aquello era solo una fachada de un oscuro corazón que late para todo menos para sentir o amar, que de esos hay muchos. Sin ofender a nadie claro está, que igual que muchos de esos,  hay otros tantos que compensan el mal rato que hemos tenido al toparnos con un tonto engañoso del que nunca más queremos  acordarnos. Y no, no va el tema de eso, sino al del famoso príncipe literario el de los cuentos de hadas, que ése, ése sí existe al menos en los libros.

Nuestro Príncipe azul de los cuentos de hadas de la infancia, ya convertido luego en héroe de nuestros relatos adolescentes y adultas en el fabuloso protagonista de nuestras novelas adoradas, que el Príncipe va cambiando con nosotros, las mujeres claro está que le vamos tomando cariño el día que nos topamos con él y la afortunada Blancanieves para soñarlo un día convertido en un poco agraciado pero generoso y tierno Rochester que ya nos percibimos unas Jane Eyre sorprendidas, o quizá quizá un apasionado Heathcliff (éste mi favorito entre todos los protagonistas literarios)  que ya apasionado y evasivo siempre invita a considerarlo un príncipe azul.

El Príncipe azul, el héroe literario, data del siglo XIX cuando algunos autores convirtieron en historias escritas las leyendas más antiguas, en este caso una leyenda de Rumania, “El príncipe azul de la lágrima” nos presenta al tan mencionado, que ya pálido por ser tan de rancia aristocracia y de sangre tan intensamente azul que de ahí le venga el nombre, y que popularizo el filme de 1950 la Cenicienta.  Es guapo, inteligente, comprensivo, tierno, sincero, honrado, de todo es nuestro encantador príncipe, inhumano del todo, que a dónde nos han dicho que exista alguien que reuna todas esas cualidades, cuando si tenemos suerte nos encontraremos con alguno que tenga unas cuantas que no todas, imposible!.

Pero bien los últimos años nuestro príncipe azul tan bello por fuera como por dentro, se vio confrontando con el paso del tiempo, y adaptándose a los cambios nos llega convertido en uno más parecido a los príncipes que ya luego nos resultaron convirtiéndose de nuevo en ranas, Shrek todo menos bello y atractivo pero eso sí tierno a más no poder, muy en el fondo, como tantos otros y claro está ya vamos viendo un Príncipe más real y congruente feo sí pero tierno y amable, sincero y comprensivo, nada falso y entonces adorable. Es Shrek y “La Bestia” de otro filme de Disney que rompen el viejo estereotipo del príncipe bellisimo y encantador. Mucho ha cambiado sin duda alguna este Príncipe de cuento desde el Siglo XIX, aunque dudo que las niñas sueñen con Shrek, pienso que es más congruente con la realidad, un día te topas con un Príncipe de verdad, que los hay alguno por ahí, aquel que dejando atrás los estándares de belleza física que impone nuestra frívola vida, tiene en sí todas las virtudes capaces de hacer felíz a una mujer, más realista ¿o no? para qué soñar con bellos príncipes que no hay, igual adultas seguimos buscándolo a sabiendas que no lo encontraremos. Lo mejor de Shrek y La Bestia es que podemos retomar algo que siempre he pensado si es una enseñanza para los niños “lo que cuenta es quien eres y lo que sientes y no lo que pareces o pareces tener” ¿o no?

Tanto que mejor si lo asumismos y si un día tenemos suerte de no toparnos con tantos, insisto, que de príncipe no tienen nada, muchas lectoras me darán la razón, porque la falsedad y la mentira no son o no deben ser cualidades de ninguna persona, menos de uno que lleguemos a amar tanto que lo consideremos un Príncipe, que uno así sería…quizá el malo de tantos cuentos.