El mito de Orfeo y Eurídice o el amor desesperado, ya les hemos contado sobre algunos mitos de la mitología griega y romana, en realidad resultan ser los mismos ya que los dioses de ambas culturas solo varían de nombre y dentro de esos mitos existe el de Orfeo y Eurídice un amor destinado a truncarse irremediablemente y que pese a tener otra oportunidad para estar juntos, la pierden, ¿sucede cotidianamente eso o no? que no necesitamos ser héroes mitológicos para vivir nuestras propias trágicas historias de amor.

Pero situándonos en el relato de Orfeo, al que se considera el Dios de la poesía y la música, con tal voz encantadora y talento para las rimas que al escucharlo el mundo parecía detenerse, y eso sin duda detuvo el corazón de la bella Eurídice que enamorándose locamente de él se casó con Orfeo, pero no contaban con el insistente Aristeo que enamorado de ella no dejaba de acosarla, de tal manera que un día persiguiéndola por el bosque provocó que Eurídice fuera mordida por unas serpientes y de consiguiente muriera.

La tristeza de Orfeo fue tal que su voz clamó de dolor y su canto se tornó tan trágico que las ninfas al escucharlo le sugirieron ir al inframundo y pedir clemencia para que le devolvieran a su amada. Decidido a ello y luego de sortear mil obstáculos, Orfeo la recupera, con la condición que le imponen los dioses de caminar delante de ella y no volverse a verla hasta que ella y él al llegar al mundo superior fueran bañados por el sol.  Hubieron de afrontar muchos tropiezos hasta llegar al mundo superior, pero Orfeo se vuelve a verla y Eurídice aún con un pie en el inframundo se desvanece para siempre.

Agobiado por el dolor Orfeo comprende que la ha perdido para siempre y se deja llevar por su desesperación, recriminando a los dioses su desgracia y no volviendo a entonar sus rimas hasta que llegado a su pueblo, le piden que cante de nuevo,  en lugar de su voz melodiosa grita con desesperación y hace tal ruido con su lira que terminan matándolo. Orfeo se convierte así en un mito que en los siglos recuperarían para la literatura grandes escritores como Francisco de Quevedo y Rainer María Rilke.