Todos los grandes artistas suelen tener una musa inspiradora, a veces esa mujer que logra llenarles de ideas creadoras es elogiada y conocida por todos, otras tantas como ocurre con Emile Flöge permanecerán en el anonimato esperando nada de aquel al que inspiran, y recibirán algún reconocimiento en la posteridad.  Gustav Klimt fue un importante pintor representante del simbolismo austríaco.

Klimt y Emile se conocen, cuando ella apenas es una niña de 12 años y el un hombre adulto que es contratado por los padres de la chica para  darle clases de dibujo a ella y su hermana, esto resultaba del todo normal puesto que un pintor como siempre ha sucedido siempre andaba escaso de recursos y debía emplearse como maestro o lo que surgiera.  La relación que la alumna y el profesor irán construyendo va más allá de la enseñanza del dibujo, cuando ella empieza a crecer la simpatia de los primeros tiempos se convierte en una urgencia sexual que los llevará a una relación clandestina que durará toda la vida.

Elizabeth Hickey nos traza un relato medio biográfico y medio ficción, para reconstruir la historia de los amantes, el gran pintor que con el tiempo se fue convirtiendo en todo un emblema de la pintura austriaca y en uno de los pintores más fascinantes del siglo XX, pero un hombre complicado, un tanto egoísta y sensual, que se lia en muchas aventuras sin nunca ocuparse de los sentimientos de la fiel Emile que permanecerá a su lado en los momentos de gloria y en los momentos en que un escándalo sacude su vida, hasta el día de su muerte.

“El beso” nombre de la novela sobre los amores de Gustav Klimt y Emile, está inspirado por el cuadro del mismo nombre que Klimt pintó entre 1907 y 1908 y que ilustra este post, un cuadro excepcionalmente hermoso y famoso que ha inspirado entre otras cosas una serie anime y temas musicales.