Si tuviera que escoger entre las perversas románticas en la literatura, aquellas que consideradas pecadoras, son al mismo tiempo las protagonistas de los dramas novelísticos, orilladas al pecado por las circunstancias o por sus parientes, entre todas me quedaría con Effi Briest.

Luego de develar el personaje de Anna Karenina y el de Emma Bovary (de las que les hablaré en otro apartado) y encontrarse en Effi uno va pensándose que esta adúltera es la menos culpable y la más inocente de las tres. Me gusta esta novela, que data del 1800.

 Effie Briest es una pobre hija de su tiempo, obligada a casarse demasiado joven con un oficial del ejército prusiano vive una vida aburrida al lado de un hombre al que no ama, joven que lo es una quinceañera romántica, se involucra pronto en un romance lleno de misivas, que serán al cabo de los años su desgracia.  Cuando empieza a aburrirse de la relación adúltera que mantiene,  un cambio prudente del destino militar del marido, le ayuda a alejarse del amante.  No termina ahi la historia, sino cuando muchos años después el marido encuentra las cartas del examante.

Ya con su lógico orgullo prusiano el marido se enfrenta en duelo con el examante, el que como resultado pasa  a mejor vida, lo que desencadena la desdicha de la pobre Effie, el marido la echa de casa y la aleja de la hija, con la que ni al cabo de los años logrará recuperar. 

La sociedad rigida del siglo XIX condena a la pobre Effie como apestada, y ella no puede volver a su casa paterna hasta que está muy enferma y a punto de morir. Claro muere, para eso son las heroínas ya sean santas o pecadoras, y nadie parece sentirse dolido de la muerte de Effie ni el exmarido ni la hija.

Las mujeres adúlteras en esa época eran condenadas al desprecio general, y la pobre Effie nos rememora dicha situación en esta novela homónima.  La misma fue escrita por Theodore Fontane, el padre del realismo literario alemán, no tuvo una infancia y juventud cómoda, el padre siempre andaba en deudas de juego, y él tuvo que dejar los estudios de farmacia para trabajar.  Se dedicó al periodismo y escribió algunos relatos.  Ya era un señor de edad, rozando los 60 años cuando por padecimientos de salud, el médico le recomendó escribir los recuerdos que le vinieran a mente, y de ellos escribió tres novelas una de ellas, esta Effie Briest, que se convertiría en su obra más conocida.

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