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El 9 de noviembre de 1953, moría luego de una embolia cerebral que desencadenó un coma, resultado del alcoholismo que durante toda su vida, tuvo el gran poeta galés Dylan Thomas.  Thomas considerado todo un referente  dentro de la poesía inglesa del Siglo XX, nació en un hogar de clase media, y obtuvo  gracias a su inteligencia, que ya demostraba siendo un pequeño, cuando a los 4 años recitaba y había aprendido a leer, una excelente educación. Educado en Oxford, pronto empezo a publicar sus poemas, y se desempeñó durante la guerra como locutor, se mudó a Londres y de ahí a América.

El gran poeta sin embargo,  era un hombre rudo que gustaba de embriagarse hasta caer desmayado, desde su juventud hasta su muerte, causada precisamente por esto.  Como otras tantos artistas, Dylan Thomas, lejos de lo que pensaríamos, su afición a la vida no acortaba su talento poético, ya que embriagado como nadie, se dedicaba a escribir sus poemas.  Y aunque hoy sea aclamado en todo lugar, y en otros obligada lectura en las escuelas, Dylan Thomas en vida no se convirtió en rico, ni dejo sus costumbres rurales, aún cuando fue periodista por algún tiempo del prestigioso BBC de Londres, y llego a departir con grandes poetas y literatos, cada uno más admirado que otro, de la grandeza de su obra.

Donde una vez las aguas de tu rostro… Donde una vez las aguas de tu rostro giraron impulsadas por mis hélices, sopla tu áspero fantasma, los muertos alzan la mirada; donde un día asomaron el pelo los tritones a través de tu hielo, el viento áspero navega por la sal, la raíz, las huevas de los peces.

Donde una vez tus verdes nudos hundieron su atadura en el cordón de la marea, allí camina ahora el vegetal destejedor, con tijeras filosas, empuñando el cuchillo para cortar los canales en su origen y derribar los frutos empapados.     Invisibles, tus mareas medidoras del tiempo irrumpen en las camas galantes de las algas; el alga del amor se vuelve mustia; allí en torno a tus piedras sombras de niños van, que desde su vacío lloran ante el mar colmado de delfines.

Secos como la tumba, tus coloreados párpados no serán aherrojados mientras la magia se deslice sabia sobre el cielo y la tierra; habrá corales en tus lechos, habrá serpientes en tus mareas, hasta que mueran todos nuestros juramentos del mar.