Raymond Queneau (1903-1976) era una de esas personas talentosas para muchas cosas.  Y es que si debemos verlo bien, las aptitudes de la gente en general  siempre evidencia, una capacidad sobresaliente para algun oficio o alguna profesión, hasta para un pasatiempo como para un deporte.  Pero igual hay, bien por ellos, personas superdotadas, que poseen un talento que les permite casi realizar todo lo que emprenden con éxito y están inclinadas a tantas cosas.  Una de ellas Queneau, poeta y novelista francés, egresado de la Sorbonna, se graduó brillantemente en las ramas de psicología y filosofía, mientras con igual de brillante desempeño estudió algunas lenguas, y también matemáticas. 

Ya graduado y dándose a la tarea de emplearse, consiguió empleo como periodista, tarea que realizó satisfactoriamente, convirtiéndose luego en traductor,  escribió libretos musicales, fue colaborador de una importante editorial, se interesó por el surrealismo,  y en ningún momento dejo de interesarse por las matemáticas.  Tanto que en 1960, creó su obra “Cien millones de poemas” como resultado de la aplicación matemática a su poesía.    Sorprendiendo a todos, y confirmando lo que ya todos habían notado, un talento especial y una persona que parecía dotada para tantas cosas.

Cien mil millones de poemas” es una obra poética sin nada parecido antes.  Queneau tomó un pequeño y triste cuaderno de 10 páginas, a las que recortó en tiras, luego escribió en cada una de ellas un verso, que al combinarse suman y sorprenden con semejante cantidad de versos que titula la obra,  algo único, diferente, y a todas luces innovador.   Y fue uno de los más conocidos surrealistas franceses, que contaba entre sus amigos a brillantes personajes como André Bretton.  Su vida estuvo llena de actividades, igual que trabaja en algún momento en un banco, se dedicaba a escribir con ahínco, por lo que en 1933 publicaba su primera novela y era un amante de la lectura, con tal avidez, que cuando le cuestionaban sobre cuánto había leido, nunca podía pensar en cuánto, porque leía incansablemente día a día.

Pero no solo “Cien millones de poemas” existe en su producción literaria para sorprendernos.  En 1947 creó  “Ejercicios de Estilo“, en el que un suceso simple y cotidiano, es relatado nada menos que en 99 maneras distintas, que resulta en realidad sorprendente para el lector, casi los estudiosos no han encontrado dónde clasificarlo dentro de la literatura y algunas de sus producciones fueron llevadas como “Zazzie en el metro” con algún éxito al cine.  Un talento sin igual.