Cartas de Amor a Nora” es la recopilación de las cartas, que entre entre 1904 y 1909, y en algunas otras épocas de su vida, dirigió el célebre autor irlandés, James Joyce, a la primero su novia, y luego su mujer, Nora  Barnacle.   Las mismas tienen, un gran valor en la búsqueda de conocimiento del elogiado autor de “Ulises”, el hombre enamorado, que escribe cartas a una mujer que ama entrañable, no son estas, como las de tantos otros genios, que se ha conocido posterior a su existencia, más conservadoras, y es que quizá las que Wagner dirigiera en su momento a Cosima Lizst eran cartas enamoradas, pero distintas, porque sin duda Wagner era otro hombre y otras circunstancias, y aquellas aunque hermosas eran un tanto remilgosas.  No lo son las de Joyce, el sentimiento da paso también al apremio sexual, que él denuncia en sus cartas, desea el cuerpo de una Nora que está lejos y a la que en sus cartas, ya mismo idolatra que en otra encela.

Y sin embargo el amor entre Joyce y “Matadora de Hombres” como le decían sus amigas, Norah, ésto último debido a que los dos pretendientes anteriores  a James Joyce se le habían muerto al poco tiempo de conocerlos, duró hasta el final de la vida del autor, y vivieron juntos sin casarse desde el día en que huyeron de Irlanda, hasta 1931.   Eran los dos muy sexuales, así lo demuestran las cartas, Joyce y ella aunque no se acostaron el día en que se conocieron, de quienes han leido su correspondencia, es conocido que ella en aquella primera cita, abrió su bragueta…

Joyce le escribía cartas candentes a una novia y luego su mujer, iletrada, una chica que trabajaba en lavandería cuando conoció al autor, que también era de modesto orígen y muy pobre.  La vida los unió desde aquel día en que salieron a caminar por la ciudad, y juntos marcharon por varios lugares hasta domiciliarse en Suiza.  Y es que las cartas muestran a un genio cautivado por una mujer, que le amará pasivamente el resto de su vida, solía Norah aceptar todo lo que Joyce dijera sin chistar.  Tuvieron dos hijos, Giorgio y Lucía, ésta última esquizófrenica, fue confinada en una institución, tenía una relación difícil con su madre que luego de internarla nunca la visitó, y una relación cercana con su padre que la consentía y amaba.  Para Norah dos hijos en unas condiciones económicas extremas, un niño que perdió, la afición de Joyce por la bebida, y se dice, sus andanzas con prostitutas, no fueron precisamente la vida de una musa consentida, pero el amor tiene caminos tortuosos.

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