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Aunque no voy a relatarles ningún romance en la bonita Badajoz, bien podría decir que si el romance hay que pensarlo asociado a dicha ciudad hay que pensar en una de sus ilustres hijas Carolina Coronado escritora romántica a la que justamente se le ha denominado la “Bécquer femenina” no es para menos, su talento para la literatura, su sensibilidad extrema motivada sin duda por sus dolencias físicas, un corazón motivado por el romance, una mujer adelantada a su época, una belleza de Almendralejo que bien mereció también la admiración por su belleza, con la que cautivó a grandes como José de Espronceda que llevó su admiración a unos delicados versos.

No tuvo una vida común, nació en Almendralejo, Badajoz el 12 de diciembre de 1820 y aunque educada con el rigor normal de la época para con las niñas, su padre hombre de mentalidad progresista motivó a su hija en su anhelo de aprender a leer y luego a escribir. A los 10 años escribía ya románticos versos, para un amado Alberto del que los conocedores de su obra piensan solo imaginario. Una niña que convertida ya en una joven mujer se mostraba aún más talentosa para la poesía.

Casada y bella, admirada por todos, apreciada por su círculo, dama inteligente que recibía en su tertulia a lo más reconocido del talento literario y todos sabían que aquella tertulia de literatos ya casi famosos y consagrados también recibía a perseguidos y opositores, con los que Carolina Coronado simpatizaba, lo que influyó en que su obra fuera objeto de la censura. Escribió no sólo poesía, sino también prosa con varias novelas, y teatro, sin duda una mujer que no era para su época.

Carolina Coronado murió el 15 de enero de 1911 en Lisboa, Portugal pero sus restos yacen hoy en Badajoz, la “Bécquer femenina” no vio en vida su enorme fama que vería su nombre y su obra los años siguientes a su deceso. Leerla es además de un agradable ejercicio literario es apreciar la visión de una mujer inteligente y progresista. Nadie como José Espronceda aunque la resumiera por su apariencia física en los versos se puede captar lo que aquella belleza de Almendralejo podía inspirar más allá de sus hermosas obras literarias. 

Dicen que tienes trece primaveras
y eres portento de hermosura ya,
y que en tus grandes ojos reverberas
la lumbre de los astros inmortal.

Juro a tus plantas que insensato he sido
de placer en placer corriendo en pos,
cuando en el mismo valle hemos nacido,
niña gentil, para adorarnos, dos.

Torrentes brota de armonía el alma;
huyamos a los bosques a cantar.
Dénos la sombra tu inocente palma,
y reposo tu virgen soledad.

Mas ¡ay! perdona virginal capullo,
cierra tu cáliz a mi loco amor.
Que nacimos de un aura al mismo arrullo,
para ser, yo el insecto, tú la flor.