¿Cómo sujetar mi alma para
que no roce la tuya?
¿Cómo debo elevarla
hasta las otras cosas, sobre ti?
Quisiera cobijarla bajo cualquier objeto perdido,
en un rincón extraño y mudo
donde tu estremecimiento no pudiese esparcirse.

Pero todo aquello que tocamos, tú y yo,
nos une, como un golpe de arco,
que una sola voz arranca de dos cuerdas.
¿En qué instrumento nos tensaron?
¿Y qué mano nos pulsa formando ese sonido?
¡Oh, dulce canto!

La vida de Rayner María Rilke no fue precisamente felíz, desde la infancia vivió el pesar y quizá en ello se pulió el alma sensible que luego escribiría tan dulces versos. Rilke nació en Praga en 1875 en una familia de orígen austrogermano. El hogar de Rilke era una batalla campal en donde los problemas se vivian permanentemente, quizá por eso se volvió callado y solitario. Siendo adolescente abandonó la escuela militar y se marchó a viajar por el mundo, se enamoró de cuantas mujeres le parecieron que colmarían su alma, con lo que se vio tropezando una y otra vez con el dolor. En 1902 en París, Rilke era un poeta conocido y muy valorado, y vivía bien, se trataba con lo más importante del arte y seguía buscando el amor.  Murió víctima de leucemia cuando tenía 50 años cuando se había mudado a Suiza en 1926.