José Saramago vuelve a cargar las tintas contra Dios, y de que manera. Le culpa a él, como autor intelectual, del asesinato de Abel, al haber despreciado el sacrificio que Caín le ofrecía, para ensalzar a su hermano.

Su nuevo libro “Caín”, que aparecerá en octubre, lo ha escrito en apenas cuatro meses: “Estaba en una especie de trance. Nunca me había sucedido, por lo menos con esta intensidad, con esta fuerza.”

El libro nos llega de la mano de Alfaguara y su lanzamiento y presentación están previstos para octubre.

José de Souza Saramago nació en el caserío de Azinhaga (municipio de Golegã, en el distrito central del Ribatejo, Portugal), cerca del río Tajo, a 120 km al noreste de Lisboa) el 16 de noviembre de 1922.

A sus 86 años, recién salido de una grave enfernedad, nada hace cambiar a este ateo declarado, que ahora, desde su residencia veraniega de Lanzarote, nos lo vuelve a demostrar a través de este libro. Algunas de sus declaraciones, a través de la agencia EFE, a la hora de presentar su libro, son reveladoras:
“… no estoy cuestionando a Diós, estoy cuestionando a la humanidad que un día lo ha inventado.”
“… porque Diós no es una persona de fiar.”

El autor portugués, Premio Nobel de Literatura en 1998, es un autor prolífico. Su primer libro apareció en 1947 y, desde entonces le han concedido gran cantidad de premios y ha escrito un gran número de libros, sin embargo el libro que le lanzaría definitivamente a ser un escritor conocido mundialmente fue “El Evangelio según Jesucristo”, escrito en 1991, que levantó mucha polémica al ser censurado por el gobierno portugués, supuestamente laico, al impedirle presentarse a un premio literario europeo que se iba a celebrar ese año, alegando que ofendía a los católicos.
En protesta, el autor abandonó Portugal, instalándose en la isla canaria de Lanzarote. Al recibir el Premio Nobel regresó a Lisboa y, desde entonces, alterna su residencia entre la capital portuguesa y la isla española. El autor, en una entrevista, presentó la idea de una “Iberia unida”, en relación a una utópica unión de España y Portugal.

Según una entrevista publicada en El País, está preparado para el aluvión de críticas que va a recibir:
“El Dios de los cristianos no es ese Jehová. Es más, los católicos no leen el Antiguo Testamento. Si los judíos reaccionan no me sorprenderé. Ya estoy habituado. Pero me resulta difícil comprender cómo el pueblo judío ha hecho del Antiguo Testamento su libro sagrado. Eso es un chorro de absurdos que un hombre solo sería incapaz de inventar. Fueron necesarias generaciones y generaciones para producir ese engendro.”