Cuando una lee Archipiélago Gulag, puede llegar a sentirse atemorizado, ante el recuento de atrocidades cometidas con los perseguidos,  en uno de los régimenes más opresivos de Europa, específicamente la URSS  luego de la Revolución Bolchevique y en el experimento del comunismo.  Ya puede una comprender por qué aterrada ante la perspectiva de ir a dar  al Gulag, la secretaria a la que el autor Alexander Solzhenityn entregó su historia, se suicidó.

Solzhenityn se convirtió en un perseguido y fue confinado en uno de esos campos de trabajos forzados, creados para socavar la integridad y acallar la voz de los oprimios en las purgas de Stalin.  Solzhenityn sobrevivió a las condiciones infrahumanas, a la tortura y la degradación física y moral, cosa que no lograron millones más, algunos que aparecen en el libro contando sus historias.  La valentia de escribirlo costó el exilio y la persecusión para Solzhenityn que no pudo volver a Rusia hasta décadas después. 

Traducido a varios idiomas, Archipiélago Gulag, desnuda la violencia cometida y la tortura sistemática de aquellos que se convirtieron en opositores a un régimen que desgarraba la URSS.  Es un libro ya les digo, que puede entristecer, indignar, pero nunca dejar insensible ante el dolor que pagaron algunos por reclamar su derecho a expresar lo que pensaban y sentìan.

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