Aquella tarde, al decirle
que me alejaba del pueblo,
me miró triste, muy triste,
vagamente sonriendo.

Me dijo: ¿Por qué te vas?
Le dije: Porque el silencio
de estos valles me amortaja
como si estuviera muerto.

-¿Por qué te vas?- He sentido
que quiere gritar mi pecho,
y en estos valles callados
voy a gritar y no puedo.

Y me dijo: ¿Adónde vas?
Y le dije: A donde el cielo
esté más alto y no brillen
sobre mí tantos luceros.

La pobre hundió su mirada
allá en los valles desiertos
y se quedó muda y triste,
vagamente sonriendo.

Un poema delicioso de un autor excepcional, una historia recurrente para todos, ¿quién no ha perdido alguien que marcha en pos de sus sueños? no hay salida a este tipo de situaciones, no se puede retener a quien busca su destino y tampoco se puede rehuir del dolor y aún así muchos habrán como en estas pequeñas rimas perdido muchos amores…