El laudano es una tintura extraida del Opio,  que en tiempos ancestrales descubrió Paracelso, y que con el tiempo se fue propagando por el mundo, una mezcla de cosas tan inocentes como vino blanco, canela, azafrán y demás,  con algunos ingredientes del Opio, dieron una droga, que pronto se convirtió en la recurrencia de muchos, que apremiados por leves o grandes  problemas se hicieron de ella, exclavizándose de por vida.

En aquellos que bien podríamos decir, tiempos del laudano, era utilizado indiscriminadamente entre niños pequeños y  adultos, ya fuera un dolor de oídos, o un dolor de cabeza, el laudano era lo mejor que les podía pasar.  Hay que reconocerle su gran valor a la farmaceútica, las propiedades del laudano que entre sus otros componentes tiene la morfina, otra benéfica pero  exclavizadora droga, no fueron en su momento y no han sido hasta hoy, superados por ningún otro elemento farmaceútico procesado en toda la historía de la medicina.

Charles Dogson era un chico extremadamente inteligente  y cultivado, había aprendido siendo muy pequeño a leer y se había instruido en el entorno familiar, leyendo a corta edad y con mucho acierto,  grandes clásicos de la literatura.  Sin embargo su inteligencia  no le salvó, de la presión de hacerle escribir con la mano derecha siendo zurdo,  del tartamudeo que no superó ni en la edad adulta, y  tampoco  al terrible episodio del abuso sexual del que fue objeto,  cuando fue enviado a estudiar a una prestigiosa escuela.  Y sin embargo, siguió siendo el chico aventajado, el inteligente y el primero de su clase.  Sus “demonios”,  aquellos miedos, le perseguirían y atormentarían toda la vida.  Y cuando parecía que ya no podrían venirle más problemas, se le diagnosticó epilepsia.

Pero él  descolló entre sus compañeros en Oxford, pese a su tartamudez solía hablar en público con gran sacrificio y siguió luchando para superar sus limitaciones, esa lucha sin embargo, se vería influenciada por el consumo del laudano que llegaría, para ayudarle en sus dolores artríticos, y que le fue exclavizando cada día más.   La historia nunca pudo comprobar si Charles, que ya había tomado su nombre literario de Lewis Carroll, consumía laudano y que sus historias podrían ser inspiradas bajos los efectos del mismo.

Alicia en el País de las Maravillas” logró colocar a Caroll entre los grandes escritores, pero como dijeron muchos el texto resulta en algunas partes absurdo, y es la confirmación de una imaginación incontenible, que ya entonces algunos sin duda alguna, se pensaron que solo podía ser comprendida bajo  los efectos de algún psicotrópico.  Alicia fue escrita como regalo de navidad para la pequeña Alicia, hija de un amigo de Caroll a quien alguna vez sacó junto con sus hermanas de paseo.  La historia que ha maravillado a generaciones, deja de ser por momentos un “inocente” relato de niños, para convertirse en una narración fantasiosa, en la que entre otras cosas, una oruga si lo vemos bien, fuma opio.

Nada resta al talento de Caroll, su rumorada relación con el laudano, la vida no le era fácil en ningún modo, y su mayor gloria sin duda es, haber superado sus deficiencias como el tartamudeo, sus problemas con la epilepsia y la devastadora experiencia del abuso sexual.  Laudano o no, Alicia se convirtió en uno de esos libros que siempre queremos leer, que nos llevan en alas de la imaginación y que para disfrutarlo sencillamente debemos hacer eso, y no analizarlo.

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